El arte de las hadas, los niños perdidos, los locos, los indios, los genios y los gitanos

El arte de las hadas, los niños perdidos, los locos, los indios, los genios y los gitanos

20101129

ética o9

I.

- Rawls es uno de los filósofos políticos más notables del s. XX, su obra “El liberalismo político” de los años 90, consiste en la revisión de las deficiencias que quedaron en su anterior proyecto “La teoría de la Justicia”, por la que se le había acusado de no tratar con sujetos reales. Introduce la idea del consenso superpuesto (overlaping consensus) – o acuerdo sobre la justicia como igualdad entre los ciudadanos pertenecientes a diferentes religiones, visiones filosóficas o concepciones del bien. Introduce también la idea de razón pública (public reason) que es común a todos los ciudadanos.

(A - B - C - D -> U)
Estas nociones defienden la posibilidad de una convivencia pacífica entre nosotros, mediante la discriminación de la vida política de las distintas teorías que tenemos sobre el bien, que por lo general constan de posturas irremediablemente contrarias, y que entorpecen este propósito tan necesario.
De este modo, el ethos liberal moderno se caracteriza por reconocer esta pluralidad de convicciones y que el sostenerlas no debe perjudicar la relación pacífica, la justicia y la libertad entre los hombres. No implica un relativismo, sino que pretende ser un punto de encuentro situado más allá de las opciones personales que se elaboran, como propuesta neutral donde la tolerancia se vuelve el factor principal. Está planteado en términos de justicia política, no busca el bien supremo – que es donde suele marcarse la gran división ciudadana.
Su esquema político no supone que estas convicciones morales o religiosas no puedan ser esgrimidas en el debate, lo que sí supone es que el modo en que se haga debe respetar la lógica propia del discurso de este ámbito y ceñirse a él, y nunca, utilizar doctrinas comprehensivas para su defensa. Tampoco las critica ni ataca, salvo que sea incompatible con los fundamentos de la razón pública y de la sociedad democrática.

El concepto de razón pública es el que nos permite distinguir entre los argumentos adecuados para el debate público de los que no lo son. Es una facultad intelectual y moral (como cuerpo colectivo) para abordar los asuntos sociales que competen al público (como sujeto), de igual modo lo son su contenido, su naturaleza y su objeto. Se apoya sobre los 2 conceptos básicos de la propuesta original, es decir, la base de unos ciudadanos libres e iguales capaces de regular su comportamiento de acuerdo con racionales concepciones acerca del bien y, de que esta sociedad sea un sistema justo y equitativo de cooperación donde los ciudadanos libres e iguales sean capaces de elaborar una concepción política de la justicia. La sociedad humana es entendida como una empresa cooperativa que ofrece ventajas mutuas y versa sobre ideales de justicia política desarrollados abierta, libre y visiblemente. (PL, 247-254)
Para que el autor llegara a estas conclusiones tuvo que analizar el contexto histórico reciente de la sociedad norteamericana, cuando los países subdesarrollados emigraron a Occidente trayendo con ellos su legado cultural. Estos pueblos fueron acogidos e incorporados a la misma enseñanza pública, que unió a esos niños diferentes, educándolos en los principios democráticos y multiculturales. Las diferencias deben cuajarse en una misma masa para adecuarse al modelo liberal, sería propio de una sociedad opresiva y un gobierno tirano si se impusiera una única afirmación continua de una doctrina global religiosa, filosófica o moral común.

A – B – C – D son sujetos claramente reales, son emotivos y ligados a su cultura, con sus propias creencias o metafísica del mundo - que puede ser variable. Están comprometidos a trabajar conjuntamente. La ética se vuelve procedimentalista, pretende evitar sobre todo el recaer en el error del antiguo método que ocurría abstractamente (el velo). Se pregunta por el propio contenido, la noción de Justicia es renovada mediante la reunión y el diálogo (que sólo es posible si tenemos en cuenta los ethos particulares) y los términos a usar deben inspirarse desde el respeto y la dignidad humana.
Es una forma de describir también cómo somos los occidentales: Conocemos nuestros propios intereses personales y estamos dispuestos a exponerlos y discutirlos, desde la tolerancia, para poder así asumir unos generales y crear y estipular los derechos colectivos. Recuerda al contrato social hobbesiano, sólo que su propuesta transmite mucha más seguridad y tranquilidad, no se usa el miedo para lograr una sociedad mejor -aunque indirectamente también sirva para acabar con él, pues beneficiará el trato humano y lo hará más cálido.
Está protegiendo al espacio individual-privado del colectivo-público y viceversa con su interpretación de la libertad religiosa a partir de la Primera Enmienda de los EE.UU. y de la tesis de la separación. Cada cual puede conducirse según su propia moral comprehensiva, pero decide no entrometerse sino en lo que concierne al conjunto políticamente.


- Habermas, tras la Ética del Discurso, llama a su nueva postura el Republicanismo Kantiano – aunque se aleja demasiado de este autor y lo que dice tiene más que ver con Spinoza o Rousseau. Critica al Liberalismo el presentar unos sujetos que no se interrogan a sí mismos porque ya saben lo que quieren. Son personas moralmente acabadas, éticamente completas, posconvencionales. Él tacha la “U” y su acuerdo, no cree en él.

Para el autor, el sujeto debe ir más allá de este modelo liberal. Él tiene una capacidad transformadora, un proceso creativo sobre sí mismo que afecta al ser, no abstractamente sino implicándose con él y haciendo que sea consciente de cómo era antes y cómo es después.
El sujeto de Rawls no está dispuesto a cambiar, sino todo lo contrario. Su justicia no afecta a lo que uno es sino a lo que uno tiene (su herencia cultural). Habermas busca la suma de los esfuerzos del colectivo para poder ser algo mejor, hablar y tratar la cultura, pues para él, no es algo cerrado, todas ellas cambian y evolucionan – no son algo aparte.

Cree que la ética debe apoyarse más en lo espiritual que en lo racional porque nuestro cerebro es un aparato finito que no termina de captar la totalidad del cosmos infinito, que le supera. Siempre habrá una distancia entre nuestra explicación y la real, y es en ese espacio en el que hablan las religiones.
Obviamente esto es cierto, pero creo que el problema que quiere tratar es más de tipo epistemológico que ético, por lo que lo trataré en la segunda parte con el tema de la ciencia y la religión.
















II.

La ética que pretenda avanzar, desde perspectivas como la de Rawls, cuenta con la ciencia como aliada y garantía de fiabilidad en su discurso. Corrientes como la psicología evolutiva demuestran el proceso de la conciencia moral y nos denomina como seres capacitados para comprender y asumir principios universales, tras ser educados en el contexto occidental. Terminamos decantándonos por estos, aunque no queramos, porque psicológicamente se nos ha enseñado a respetar las diferencias y a ser tolerantes.
Esta rama científica torna lo que fue materia ideológica en psicológica, percibiendo un antes y un después. Si el ser está orientado a lo universal, la ética también lo estará.

Podemos observar una fase primitiva de lo que será la conciencia moral ya en la Prehistoria, cuando las tribus castigaban, ejemplificando el mal, y recompensaban a lo que sería el bien, para la posible supervivencia del grupo. También es una práctica común del resto de animales sociales, lo que nos diferencia a nosotros es el cerebro más desarrollado que tenemos, es una característica puramente cuantitativa. Esto nos proporciona una mayor capacidad de anticipación de futuro, no tan inmediata. Por lo tanto, la diferencia no es espiritual.
Aquí surge también el origen de la religión, la esperanza frente a la muerte, el preguntarse más profundamente sobre esas cuestiones vitales que siguen teniendo tanto vigor. Por lo tanto, los orígenes son igualmente explicables materialmente. Quedan muchas otras preguntas por dar respuesta, y puede que algún día sepamos otras tantas, pero el no conocer no debe hacer que se deje de intentarlo o de quererlo y tapar el hueco con Dios. No hay que suplantar a la ciencia, porque hubo otras muchas cosas que no sabíamos antes y que ahora ya conocemos. Nuestro límite es instrumental, técnico y epistemológico; no es un indicio para demostrar la teología.
También sabemos prever, deducir acontecimientos, por lo que no podemos permitirnos ser irresponsables, como por ejemplo, con el cuidado del planeta y la naturaleza, la ética ecológica nos permite movernos en un nuevo espacio en el que se puede construir mucho todavía.


- El planteamiento spinozista, en el s. XVII, es el primero en mostrar conceptualmente la articulación del pensamiento religioso. Él nos dice que el primer género de conocimiento lo es de unas ideas inadecuadas o de la imaginación. No se califica de falso o verdadero, al modo epistemológico, sino que se acepta como una manifestación de nuestra naturaleza.
Somos seres afectados por las pasiones, ellas son las que actúan y nosotros los que las vivimos pasivamente, no las elegimos porque es una experiencia inmanente al funcionamiento del universo. A raíz de estos fenómenos creamos imágenes y podemos avanzar en busca de otro estado, aunque esto no está asegurado. Una búsqueda hacia la autonomía moral y al ejercicio libre de la propia mente, esto sí es una elección, una reacción que es consecuencia probable pero que también puede no llegar a darse.

La razón, entonces, se demuestra en el acto de nuestra propia experiencia material y sólo de esa manera es real. No es algo superior como creían los idealistas alemanes, sino efecto de un recorrido que se hace, no que se consigue por divina gracia. De esta manera, el ser humano se supera y suma potencia. El camino lo es también hacia un estado de armonía interior y con el entorno, sacando conclusiones de lo que hemos hecho y ha sido bueno para nosotros, que nos ha mejorado, y de lo contrario. El ser pasa a convertirse en activo, a construir para sí mismo, y así alcanzamos un segundo género de conocimiento.

La religión queda como consecuencia de aquellas primeras imágenes que se han consolidado a lo largo del tiempo en la conciencia colectiva. Se han impuesto y se han institucionalizado hasta adquirir tintes políticos, y sigue siendo un instrumento de gran peso para ejercer el dominio. Su baza sigue siendo el miedo a la muerte, de la que vive y se regodea construyendo otro mundo virtual de supervivencia. La ética debe superar este tipo de platonismo y vitalizarse.


- Hans Jonas con “El principio de responsabilidad” de los años 80, retrata objetivamente aspectos del mundo actual como lo que ha sido la filosofía hasta ahora y lo que debería ser, particularmente de la ética.

En la época aristotélica el pensamiento virtuoso incluía a la ciencia y a la tecnología, como vuelve a suceder en el s. XVII, de forma más práctica, gracias a figuras como Copérnico. Los siglos XX-XXI deberían trabajar en renovar estos principios naturalistas para actualizar a la ética, porque realmente se ha dado poca importancia a la techne en cuanto a su capacidad para afectar y modificar a las dos partes que participan de ella, el agente y el receptor, el hombre y la naturaleza.

Puede ser que se haya olvidado debido a que en un principio se realizó esta actividad de forma equilibrada, según las necesidades particulares del momento, y no podía suponerse el exceso que traería el comienzo de una industrialización como la que vivimos hoy en día, su destrozo contra el entorno y su voracidad hacia la materia prima. Tampoco se valoró lo especial del vínculo del hombre con la técnica, fruto de nuestra capacidad de raciocinio que deriva en la creación, en el manejo de instrumentos, que nos lleva a innovar, a superarnos, evolucionar, y que nos caracteriza y distingue.

Es curioso que hoy en día, cuando mayor sofisticación hemos logrado en nuevos aparatos, cuando desarrollamos como nunca la maquinaria, a la vez, se ha perdido más el sentido de su utilidad y su razón de ser. Se fabrica indiscriminadamente sin atender a las necesidades y demandas reales, en un ciclo que va como ciego y a toda velocidad, inventando y bombardeándonos sobre su necesidad, y consiguiendo que todo pierda su valor.

Más extraño es que a la vez que se da una superproducción, que muchas veces se termina desperdiciando y acaba en la basura, la gran mayoría de la población mundial muere de horribles formas y sin medios para poder atender sus funciones vitales más básicas. En esos lugares, que son también la mayor parte del territorio de la Tierra, esos desheredados han aprendido a intentar subsistir de formas mucho más responsables que la nuestra, a aprovechar lo muy poco que pueden tener y sacarle las máximas posibilidades. Por lo tanto, esta actitud nuestra que se desentiende de todo y de todos me resulta de lo menos antropocéntrico, si se entiende este concepto como el prestarnos la máxima atención.

La dirección del discurso de la ética debe ser humanista, no sobredimensional. Tenemos una responsabilidad con este mundo, por haberlo explotado hasta el límite, y es suficiente trabajo como para estar pensando en las nubes. Tampoco es desprestigiar al ser humano o ponerlo en un lugar inferior, sino al contrario, considerarle privilegiado por poder manejar su entorno y su realidad.

La techne, desde un punto de vista actual, es más que nunca la transformadora por excelencia de la realidad humana, no sólo en el ámbito medio ambiental, sino en cada una de nuestras vidas que tienden a girar en torno suyo, desde su faceta más materialista. Las metas de las personas han dejado de ser personales y especiales en su originalidad, la gran mayoría intenta encajar como mejor pueda en el mercado, desvincularse de su individualidad para seguir un patrón que no reporta mayor satisfacción que la monetaria y que reduce a la persona al mismo valor que ese objeto. Esto es tan vital para nuestro sistema que hasta la educación se comercializa, y desgraciadamente, también se nos comercializa a nosotros mismos. La técnica cobra tal magnitud que el hombre de hoy pierde hasta su sentido sin ella.

Antiguamente se desconocían las consecuencias de este tipo de actos, ahora se saben y se siguen ignorando. Siempre hay alguna figura para hacernos creer que no es así, que se hace algo, pero por mucho que se reúnen los 20 no se ven medidas palpables y acciones reales, y los proyectos se quedan cortos cuando se perciben claramente los efectos de la situación mundial. Los dirigentes no han cambiado a lo largo del tiempo, se sigue utilizando la estrategia de la pantomima, promesas y falsa responsabilidad para con nosotros; a la hora de la verdad sus intereses siguen siendo puramente personales – mantenerse en el puesto, tener más o menos contentos a ambos bandos y salvar el tipo.

Hans Jonas propone tener una visión más rica y completa del mundo mediante una perspectiva temporal que observa también espacialmente. Nos ayuda a tratar, tanto al entorno como a nosotros, de forma cíclica y evolutiva, como sabemos que en realidad se comporta toda vida y la naturaleza. Amplía nuestra capacidad de auto conocimiento para poder abarcar por fin a todo lo que nos rodea, que nos afecta y a lo que afectamos. Rompemos de una vez con el egocentrismo imperante en nuestros conceptos y logramos la búsqueda del ser al deber ser, a la conciencia real de lo que es la especie.

El nuevo imperativo sobrepone la salvación de la vida humana sobre el individuo, como obligación, como axioma. Que se tenga en cuenta lo necesario que es cuidar la vida de la Tierra, como objeto de nuestro querer y elección presente.


- Foucault también sitúa su debate en torno a la razón humana ligándola a la naturaleza y la tecnología. Tras su lectura al existencialismo de Heidegger, como Sloterdijk pero de diferente modo, sostiene que la razón ha estado sobrevalorada y llevada a otros planos, y ahora necesitamos que vuelva al lugar donde siempre debió estar, a la totalidad del ser humano, y él a la naturaleza.

Se trata también de dejar de dividir nuestras facultades, trabajarlas conjuntamente como virtudes y potencia, porque si unimos la episteme con la techne seremos capaces de extraer lo mejor de nuestra propia condición. Además, hay algo más que un Yo cognitivo y es más completo pensar en un Yo humano, en el sentido de su multiplicidad emocional, en la unión de la estructura sensible y la pensante. El cogito ergo sum se queda corto.

El autor se plantea las condiciones necesarias para la autoconstitución de un sujeto, el concepto de un estilo para la existencia, desde una visión histórica: La historia del arte de vivir. Sobre todo, aprecia el revisar y mirar hacia la Antigüedad, donde cree que habitaba lo esencial, una sensibilidad especial entre los hombres, en su relación consigo mismos y con las divinidades. Experimentaban un Yo formado por varios planos.

Trata específicamente el tema de las causas de la sexualidad como experiencia moral, pero al investigar y remontar a los orígenes su investigación acaba ampliándose notablemente y termina llevándolo a revisar los déficits de la ética e incitándole a ejercer cambios en ella. Lo que no significa que se retoma la antigua y se elimina la actual, sino que extrae lo que ve de bueno en la primera para modificar la segunda. Esto que ve de bueno tiene más que ver con la manera en que se trataba a la ética, como si cada persona fuera un artista de su vida y ésta la obra que realizar hasta su máximo esplendor, hacia una forma superior. La ética foucaultiana es individual y sus normas se orientan hacia una estética, uno mismo es el conductor de su propia existencia.
La decadencia según él se produjo con el cristianismo, aunque resurge en el Renacimiento. Nos señala las formas habidas de tratar la hedoné y los deseos según las tendencias vitales de los diferentes momentos históricos, como han pasado de estar bajo el cuidado y la vigilancia personal a estar prohibidos. Esto nos enseña la importancia del contexto para modificar a sus individuos, tanto para bien como para mal, aunque siempre es necesaria una orientación para no caer en la negación o en el olvido del hombre de sí. Eso sería lo mejor que podríamos conseguir, una predisposición natural del individuo para sacar el mayor provecho de la vida y autorrealizarse.


Burckhardt amplia esto a lo colectivo, considerando posible la manipulación artística del Estado. Que este estilo de vida sea capaz de afectar a nuestro modo de pensar y reflexionar sobre el mundo y la mutabilidad del ser, sin tener que inmovilizarnos por ello.

En los siglos XX-XXI, con la revolución industrial, se tomaba por objetivo el exterior para manipularlo y modificarlo, mientras el Yo quedaba intacto, hasta ahora, con el descubrimiento de la genética y de otras ciencias relacionadas. Esto sólo ha sido posible en este momento, cuando se han ido quitando tabúes al campo de estudio científico, gracias a la proclamación de las sociedades laicas que restringen también el poder del que han gozado siempre las iglesias.

La religión, por definición, se inspira en algo ajeno a la naturaleza y se muestra recelosa hacia ella y hacia la ciencia. Por definición también, la ética se muestra lógicamente abierta a estos dos ámbitos, a pesar de que todavía debe superar su pasado idealista y trascendental, y de no contar todavía con una respuesta definitiva; aun así sabemos que su rumbo ha cambiado ya para siempre, o eso esperamos. Esta nueva escuela dota de complejidad a la naturaleza, que se creía fácilmente predecible según los aparatos sensibles utilizados; ahora sabemos que es una materia oscura, que está llena de incertidumbre, aunque es entendible. Esto no debe hacer perder la calma a ninguno, el misterio nos conduce al límite epistemológico de la razón, no a Dios.

La ciencia, más concretamente, la neurología, vuelve a respaldar a la función central de la ética, que es la relación del Yo con el otro, al haber localizado el fenómeno cerebral que nos liga a los demás: las neuronas espejo. Ellas nos permiten reconstruir las emociones del otro en nosotros. La aproximación, la amistad, la solidaridad y el amor están previstos en el cerebro, estas neuronas se reproducen cuando se practican estas acciones y mueren en caso contrario. La ética de los religiosos es convencional ya que ellos cultivan esta clase de valores porque se sienten obligados por dios a ello. Tampoco el hallar este lugar físico de los buenos valores quiere decir que no existan los malos, que no haya asesinos y todo tipo de perturbados mentales, ya que el cerebro es algo tan complejo que consta de muchos otros factores que nos afectan y alteran, además de la grandísima influencia externa de la experiencia social.

El lado cognitivo no sólo se relaciona con las pasiones y las emociones, sino que tampoco existiría sin ellas. El dualismo no sólo es un error analítico sino un despropósito para el conocimiento. La neurociencia demuestra la relación del surgimiento de una idea con la emoción previa y en este proceso reside el primer paso del inconsciente a la conciencia.

El ser humano, a diferencia de otros animales también evolucionados, tiene esta capacidad moral debido a que no sólo percibimos las afecciones del cuerpo sino también las ideas que esto genera, y las ideas de la idea, esto es, del Yo. (Proposición 22 II Parte de la Ética de Spinoza). El contenido de la idea de Yo deriva de haber meditado previamente sobre los propios pensamientos, de un estado anterior, no hay un pensamiento puro al estilo cartesiano. Lo humano son los sentimientos morales, concretos y no abstractos ni metafísicos, sino con una dinámica propia que se resuelve día a día.

Se confirma la naturalidad de la ética como el equilibrio entre nuestras fuerzas, y al modo spinozista, nos percatamos de la necesidad de toda una vida para su realización. Se adopta una dimensión terapéutica o auto-educativa que se acerca mucho a la psiquiatría, que tras mostrar sus resultados nos hace querer compartir estas emociones positivas con los demás. Alguien puede rechazar esta opción vital, pero no puede pedírsele a la ética que lo haga. También podemos pensar que los que gobiernan pueden utilizar este avance tecnológico en sentido negativo y para sus propios intereses, pero este conocimiento que evoluciona debe ser un argumento para la utopía positiva. Quizás la revolución consista en el rescate de la salud mundial, antes que en la redistribución de las riquezas, lo que ya es definible y podría derivar en lo otro.






Bibliografía:
• Wilhelm Schmid “En busca de un nuevo arte de vivir: La pregunta por el fundamento y la nueva fundamentación de la ética de Foucault” 2002.
• Michel Foucault “Historia de la sexualidad” 1976-1984. “Tecnologías del Yo”
• Hans Jonas “El principio de responsabilidad” 1988 Ed. Herder, 1995.
• Antonio Damasio “En busca de Spinoza: Neurobiología de la emoción y los sentimientos” Ed. Crítica 2005. “El error de Descartes: la emoción, la razón y el cerebro humano” 2006.
• John Rawls “Liberalismo Político” 1993
• Jürgen Habermas “Debate sobre el liberalismo político. (Disputa con John Rawls)” Ed. Paidós, 1998. “Aclaraciones a la ética del discurso” Ed. Trotta, 2000
• Spinoza “Ética”
• Peter Sloterdijk “Normas para el parque humano” Ed. Siruela


(Me reservo mis derechos de autoridad suprema ja)